25/6/08

EL ARTISTA DESDE EL LÍMITE



El artista francés Bernar Venet en una declaración publicada en 1976 afirmaba que es necesario aprehender el arte en su proceso creativo, redescubrir su estructura, no por medio de la descripción, sino apodícticamente en la medida en que se desarrolla y revela, de alguna manera entonces, toda esa teoría, ese pensamiento que requiere una investigación, en el caso del arte, al igual que en los demás ámbitos del conocimiento, no es anterior a ella, sino que está en su naturaleza. Es decir, desde esta perspectiva, el objeto artístico planteado como objeto de estudio de una investigación, no puede ser visto únicamente desde su aspecto más concreto y evidente que sería su existencia matérica, la cual a su vez nos obliga a hablar de su forma, los materiales y la técnica del objeto en cuestión. Al referirme al objeto artístico es también considerarlo como parte de un todo temporal y conceptual. En otras palabras, al referirme a él es intentar hablar de mi propia posición estética[1] acerca del hecho de estar en el mundo.

Pablo Fernández Christlieb dice que un objeto es aquella parte de la realidad que no tiene nombre, de modo que un objeto es lo que carece de lenguaje en un mundo de lenguaje, en sus propias palabras: los objetos son una especie de secreto que sólo se dice en silencio, pero también les adjudica una característica, a los objetos se les llama “objetos” porque objetan, porque ponen objeciones, esto es, que se instalan contra uno y lo confrontan. Y efectivamente, el objeto artístico no hace otra cosa que confrontarnos con nosotros mismos, y es que de alguna manera, nosotros mismos somos el objeto artístico. De ahí tal vez que todas mis imágenes tengan un carácter narrativo que ante la imposibilidad de nombrar eso que a veces resulta imposible de explicar porque sólo puede ser sentido, cada imagen se convierte en metáfora para poder comprender una cosa en términos de otra y en esa medida poder darle sentido a mis vivencias, a mi existencia. De otro modo: cada objeto artístico que produzco es la forma que he encontrado para tatuar el cuerpo del mundo con mis propias interrogantes.

De esta manera, el hecho de haber planteado en esta investigación al recuerdo como un tiempo presente extendido y en consecuencia considerar al proceso de recordar como un acto creativo, y por otro lado, aplicar el concepto de límite a la obra artística; a lo que me lleva es a concebir la idea de artista a partir del propio límite.

Y es que si el objeto artístico es capaz de remitirnos a un deseo frustrado, recrear un encuentro con una pérdida, y en el mejor de los casos transformarnos, ¿quién podría pensar entonces que el arte es inofensivo?

Supongo que nadie. Por lo tanto, para poder vivir el arte como una experiencia existencial (Cohen, 2004 p. 69), resulta indispensable cuestionar los paradigmas con los que hasta el momento habíamos vivido, de lo contrario sería imposible avanzar, continuar nuestro éxodo.

Esto es, si de algún modo estoy considerando a la obra artística como límite, como ese espacio ambiguo, de posibilidad, donde “alguien” expone sus propias interrogantes como “ser exiliado”, ese alguien no puede ser nadie más que el artista, y la primera reflexión que haría al respecto es que, el artista no es un ser, sino una forma de ser. Es decir, el artista no es esa sarta de ideas que la gente suele tener de él como ser privilegiado y predestinado con un “don” para aplicar una técnica o artificio proveniente de una necesidad fisiológica para “expresar sus sentimientos más profundos”[2]. El artista no es un ser, en tanto que no designa ninguna cualidad real, es decir, no es privilegiado, sino que privilegia su existencia en el mundo, tal vez pudiera dar más luz a esta idea con las palabras de Deleuze: el atributo no designa ninguna cualidad real (Deleuze, 1989, p. 29)

Y es precisamente esta manera de ser la que se puede dar en la relación que establece el existente con el límite, con el mundo. Esto es, el existente al momento de privilegiar su existencia en el mundo, hace surgir una necesidad intelectiva, de búsqueda de sentido, lo cual implica ya en sí una creación. De esta manera el existente ya no va en su éxodo nada más como ser frustrado de sus propios deseos, ya no sólo desea por desear y por consiguiente ya no encuentra nada más el goce en su constante frustración. El existente ahora desea para crear. En otras palabras, traslada su deseo al espacio de la creación, comprende el mundo creando, hace de su propia contradicción interna y de lo inarticulable de sus vivencias una actividad creadora.

Vivir como artista desde el límite, sin duda implica asumirse como sujeto de pérdidas y faltas, donde después de un largo suspiro de nostalgia[3] regresamos para crearnos otras, ya que es en ellas donde descubrimos nuestro verdadero fundamento para continuar nuestro éxodo y seguir creando. No es lo mismo decir “me moría del cuerpo” experimentándolo como el hecho más real sentido, a decir “memoria del cuerpo” como la esperanza que nos queda después de la muerte misma. Pablo Fernández Christlieb en el capítulo de La esperanza, de su libro la afectividad colectiva, al respecto decía: Se sale por el infierno pero se regresa por el cielo Y no sé, dicen, me han contado, que nunca, que jamás, que es imposible que cuando uno recorre un camino y va de regreso uno retorna igual.




[1] Entiéndase estética, en palabras de Christlieb como a las reglas o procesos de aparición, conservación, transformación y desaparición de los afectos, por lo que el arte lo entiende entonces como el acto, con voluntad o sin ella, de hacer aparecer un afecto, hacerlo durar, o retardar su desaparición, lo cual requiere de una forma más o menos materializada, sea en una conducta, en un sonido, en una imagen. (Pablo Fernández Christlieb 1999, p. 90)

[2] los sentimientos no existen”, afirma Christlieb en su libro “la Afectividad colectiva” toda vez que al querer definirlos nos encontramos con una sarta de palabras, vaguedades que dan cuenta que el objeto que se pretende describir no existe en realidad puesto que no es un objeto o evento concreto. Tanto en los discursos sentimentales como en las teorías de las emociones, los sentimientos precisos dependen solamente del nombre que reciban y del discurso al que se les hace entrar al darles nombre. Pero hay una objeción muy simple: lo que se está sintiendo es otra cosa.

[3] término que denota “ dolor por la tierra perdida” nostos, retorno a la tierra natal; algos, que significa sufrimiento o dolor.